Porque más luz no significa necesariamente ver mejor, la ecuación entre eficiencia y salud visual es cada vez más fácil de resolver gracias a los nuevos sistemas de iluminación inteligente para oficinas.
Actualmente trabajan el doble de personas en oficinas que en industrias. La digitalización ha supuesto, además, un cambio profundo en el diseño de oficinas y puestos de trabajo. A ello se une la reciente extensión del teletrabajo, que implica menos personas en las sedes de las empresas y que los escritorios no estén tan individualizados como antes.
Las oficinas son cada vez más flexibles y modulares y, por tanto, se necesitan menos metros cuadrados, pero la multiplicación de monitores también ha acentuado la necesidad de contar con espacios bien iluminados que protejan la salud visual del trabajador.
Las mesas de trabajo están ocupadas hoy casi en su totalidad por ordenadores y pantallas y las salas de reuniones se han convertido en centros multimedia. En general, las empresas optan por espacios diáfanos, sin paredes ni pasillos, donde conviven tareas diferentes según cada momento. Eso obliga a crear sistemas de iluminación también flexibles que se adapten a la actividad requerida. Por ejemplo, no es lo mismo iluminar una sala para una presentación con un proyector, donde debemos mitigar la fatiga visual, que para una reunión convencional donde se leen y comparten documentos.
Oficinas club frente a espacios colmena
¿De qué tipo de oficina partimos hoy?
Antiguamente era más frecuente encontrarnos con espacios organizados en colmena o en celda: mesas individuales o compartidas donde se realizan tareas repetitivas durante toda la jornada laboral. Pero ahora se tiende más a espacios tipo club, abiertos y polivalentes, donde se combinan las mesas de trabajo con las zonas de relax y conversación.
Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), la clave de un buen sistema de iluminación en una oficina es la proporción adecuada de luz, tiempo, espacio teniendo en cuenta el lugar. Parece lógico, pero si eres la persona responsable del bienestar de los profesionales de una oficina y no puedes acudir a un técnico o inspector de PRL, puedes empezar por usar esta frase para ayudarte a comprobar la iluminación.
Ahorro y confort visual: la ecuación perfecta
Según el IDAE, pasar de una iluminación convencional, con bombillas halógenas, neones fluorescentes y los típicos flexos, a un sistema de iluminación eficiente, basado en tecnologías LED y con métodos de control inteligente, puede suponer hasta un 75% de ahorro en consumo.
Un ahorro al que sumar el confort que ofrece a los empleados y la reducción del impacto ambiental.
Tener siempre en mente la combinación de las siguientes tres variables principales, diseño, confort visual y eficiencia energética, serán la clave para conseguir tu objetivo.
De esta forma se genera un ambiente más confortable y sano para la vista cuidando la salud de los que trabajan en ese espacio y se crea entornos más agradables para los usuarios, lo que las personas sentirán un diseño más amigable con ellos mismos y para realizar un buen desempeño de su trabajo.
Por último racionalizar el uso de la energía lleva a la eficiencia energetica que ayudará al planeta y a tu bolsillo.
Y es que, como indica la IDAE, una iluminación óptima redunda en mayor productividad y menor fatiga, consigue reducir los errores, ofrece un mayor bienestar y reduce el absentismo.
Luminancia: la clave para el confort visual
La luminancia es la luz que desprenden los objetos sobre la que proyectamos nuestra mirada. La clave del confort visual es que, mientras trabajamos, no haya un contraste excesivo entre la luz que recibimos de la pantalla y la que encontramos cuando nuestros ojos amplían el campo de visión: la luz ambiental, por ejemplo, el cambio que se produce de la luz de una pantalla a la luz que proyectan las lámparas o la luz natural a través de una ventana.
Lo más importante y el hecho a evitar es el deslumbramiento. Lo habrás escuchado mil veces cuando nos dicen que no debemos leer un móvil a oscuras o dejar alguna luz encendida cuando vemos la televisión. De ahí la importancia de generar distintos ambientes que hagan descansar la vista y favorezcan transiciones suaves en nuestro campo visual.
La temperatura del color: luz fría o cálida
Es una de las grandes preguntas que nos hacemos cuando iluminamos un espacio: ¿Luz fría o cálida?
Una temperatura de color más baja nos ofrece una luz más cálida. Es la apropiada para espacios decorados con colores claros, zonas de descanso y en general áreas con baja iluminación.
Por el contrario, una luz fría, con una alta temperatura de color, es la indicada para estancias decoradas con tonos fríos y para espacios de trabajo más técnicos que requieran una alta concentración visual.
Por tanto, la elección del tipo de bombilla cálida o fría no tiene tanto que ver con el consumo o la estética como con el confort visual que generan según esté decorada la oficina y según el destino que se le va a dar a cada espacio. Los expertos, en general, aconsejan alternar espacios fríos y cálidos por el mismo motivo que citábamos anteriormente: no cansar más la vista durante horas con el mismo tipo de iluminación.
La iluminación eficiente: más LED y sistemas de control
Son numerosas las medidas que se pueden tomar para ahorrar energía en una oficina. Desde un cambio completo a tecnología LED, con luces más pequeñas, duraderas y modulables, a una instalación de sistemas de control que, combinados, permiten ahorrar hasta el 60% en consumo, según el IDEA.
Colocar interruptores individualizados por zonas y circuitos, es otra forma fácil y cómoda de ahorrar desde el inicio, y es que zonificar la luz es clave para poder seleccionar la mejor iluminación en cada momento del día: por ejemplo, las situadas junto a las ventanas deben estar diferenciadas para apagarlas mientras haya luz natural.
También puedes instalar sistemas de regulación en los interruptores, para adaptarse manual o automáticamente a la luz natural de cada momento del día y al número de personas presentes en la sala.
Los temporizadores son otra alternativa, estos permiten apagar la luz o atenuarla cuando se produce una pausa laboral, como la hora del almuerzo, o calculando el tiempo medio de permanencia como, por ejemplo, en los servicios.
Dependiendo de tu centro o espacio y uso también puedes contemplar la opción de instalar detectores de presencia por infrarrojos o ultrasonidos que rán activando la luz artificial al paso de los usuarios.
Algunos consejos para un buen mantenimiento de la iluminación de la oficina
Uno de los errores más comunes es cambiar las bombillas solo si se “funden” o comienzan a parpadear. Hay tres pasos fundamentales a tener en cuenta para lograr un mayor ahorro:
1. Programar periódicamente una limpieza de las lámparas y bombillas. Es el factor que más incide en la correcta iluminación de una estancia. La suciedad es el mayor enemigo de la eficiencia de nuestro sistema de iluminación.
2. Sustituir las lámparas antes de que concluya la vida útil aportada por el fabricante. A medida que pasan los meses, o años, las luces van perdiendo eficiencia y no es aconsejable esperar a que agoten su funcionamiento. Puede parecer más caro, pero a la larga reducimos el consumo.
3. Limpiar y pintar periódicamente los techos y paredes. Son las “pantallas” que reflejan la luz que recibimos y, si están sucias, nos obligan a intensificar la iluminación y reducen el confort visual.
¿Te han resultado útiles estos consejos? Si estás pensando en mejorar la iluminación de tu negocio o incluso de tu hogar para conseguir un mayor confort, funcionalidad y ahorro, en el blog de EDP te esperamos para ayudarte con nuestras soluciones personalizadas y lograr una mayor eficiencia.
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