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El efecto albedo y su transformación para ser aliado de la transición energética

6 min lectura

28 de febrero de 2024

Autor: Andrés Muñoz

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La generación de energía, la tala indiscriminada de los bosques, el transporte o la industria intensiva son algunas de las actividades que más contribuyen al cambio climático por la cantidad de emisiones contaminantes que producen. Entre otras muchas consecuencias nocivas, este fenómeno ha llevado a la desaparición de numerosos glaciares y de grandes cantidades de nieve en los casquetes polares, que incrementan el nivel del mar a medida que el hielo se derrite. Por lo tanto, esta pérdida de nieve repercute en una menor capacidad de la Tierra de reflejar la radiación solar, ya que la nieve tiene altos niveles de albedo, el concepto protagonista de este artículo. Si el hielo de los polos desaparece y se transforma en una mayor cantidad de agua en los océanos, la capacidad de reflexión de la luz solar por parte de nuestro planeta menguará de manera alarmante según numerosos informes, la temperatura media aumentará y se acelerará el derretimiento de los polos. Por este motivo, el efecto albedo cobra una gran relevancia en la lucha por frenar el cambio climático.

¿Qué es el efecto albedo? 

Entendemos por albedo la propiedad que tiene cualquier cuerpo de reflejar la radiación que incide sobre él. Dependiendo de su color, el albedo será mayor o menor. Los elementos claros tienen un albedo más elevado, mientras que en los oscuros es menor ya que absorben mucha más energía.

A nivel global, la Tierra también tiene un grado de albedo que varía según sea su superficie, pudiendo encontrar albedos muy altos en zonas de hielo como los glaciares, o albedos bajos en lugar más oscuros como bosques profundos, por ejemplo. Nuestro planeta retiene la luz solar y refleja una cantidad al espacio, cerca del 35%, lo que hace que la temperatura no aumente de forma peligrosa para la humanidad.

Sin embargo, tal y como se introduce al principio de este artículo, el derretimiento de los polos reduce el albedo de la Tierra, acelerando el incremento de la temperatura global y transformando el clima en uno más seco y árido al perder capacidad de reflejar parte de la energía que nos llega del Sol. En otras palabras, las superficies con alto albedo como los casquetes polares se acaban reemplazando por superficies de menor albedo, como el océano.

Las nubes, la arena, la nieve o los tejados claros son ejemplos de elementos con albedo alto, ya que reflejan grandes cantidades de radiación solar. Además, los árboles y las plantas absorben más cantidad de radiación para su fotosíntesis. Esta integración de vegetación y elementos claros es lo que se promueve de manera ardua en las ciudades sostenibles, con la finalidad de reducir la temperatura media en las calles. Las urbes “verdes” buscan contar con superficies que reflejen más radiación solar y que la absorban, de modo que las temperaturas sean más suaves. El ejemplo más habitual y empleado es la plantación de árboles en las calzadas, que dan sombra al pavimento y reducen la cantidad de superficie de asfalto que recibe radiación solar. Grandes proyectos en muchas ciudades europeas se han basado en suprimir calzadas y carreteras por zonas peatonales y jardines con ese mismo propósito.

Es importante saber que el albedo se suele expresar como un porcentaje. Un elemento que refleja el 100% de la luz tendría un albedo de 1, mientras que uno que no lo hace y absorbe mucha radiación tendría un albedo cercano a 0.

¿Qué lo causa? 

Como hemos visto anteriormente, el principal factor causante del efecto albedo es el color del cuerpo, pero no es el único.

  • Ángulo de incidencia: Independientemente de su color, cuanto menor es el ángulo en el que inciden los rayos del Sol mayor es la capacidad del elemento para desviar la luz.
  • Ubicación: La localización también afecta. La incidencia de la luz es diferente según la posición geográfica, de modo que cerca del ecuador los rayos inciden de manera perpendicular, reduciéndose la capacidad de albedo, por ejemplo.

¿Cómo se aprovecha para generar energía solar? 

La energía solar fotovoltaica se basa en la transformación de la radiación solar en electricidad a partir del efecto fotoeléctrico en las celdas solares. Este efecto lo puede provocar tanto la radiación directa como la difusa, aquella que llega al panel solar rebotada de otras superficies. Para aprovechar esta oportunidad aparecieron los paneles solares bifaciales, aquellos capaces de producir electricidad también desde su parte posterior.

Como imaginarás, estos paneles son capaces de producir más electricidad por metro cuadrado, por tanto, son una gran opción en todos aquellos terrenos con la posibilidad de instalarlos. Para aprovechar esta ventaja, por supuesto, se necesitan superficies con un índice elevado de albedo, que se suma a otros parámetros claves para maximizar el rendimiento de los módulos fotovoltaicos.

Por lo tanto, los paneles bifaciales aprovecharán el albedo de la superficie sobre la que se encuentran y, en aquellas claras como nieve, arena o suelos lo más blancos posibles, maximizarán su capacidad de producción. Es por este motivo por lo que conviene, cuando se cuenta con esta tecnología, aumentar al máximo el poder reflectante del suelo, es decir su albedo. Cuando se habla de albedo en proyectos solares, se entiende que un terreno con un albedo del 30%, por ejemplo, sería capaz de reflejar 30W por cada 100W que recibe.

En proyectos de autoconsumo, la oportunidad de aprovechar paneles solares bifaciales es mucho menor ya que los tejados no suelen tener buenos niveles de albedo y aumentarlo es algo complicado. Además, los paneles no pueden estar anclados directamente sobre el tejado, dado que no se aprovecharía la parte trasera. Esto implica la instalación de estructuras para elevarlos, con lo que se encarece la instalación y en ocasiones se puede poner en riesgo la integridad estructural del edificio, industria, almacén u oficinas.

Definitivamente, el albedo es un concepto muy importante tanto para el cambio climático como para hacer frente a él a través de la energía solar. Gracias a los avances tecnológicos de la industria fotovoltaica, es un efecto que hemos podido aprovechar para maximizar la producción de energía solar y, de este modo, reducir la dependencia de otras fuentes.

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Autor: Andrés Muñoz

Ingeniero en Energía y Máster en Gestión y Dirección de Empresas Industriales. Postgrado en Ingeniería Eólica y Energía Termosolar. Apasionado de las Energías Renovables, emprendedor y Dir. Ejecutivo de Infoenergética.

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